Categoría (Agua, Medio ambiente) por carmenvidal el 21-05-2008
La sequía es un fenómeno hidrológico extremo que puede definirse como una disminución coyuntural significativa de los recursos hídricos durante un período suficientemente prolongado que afecta a un área extensa con consecuencias socioeconómicas adversas.
La sequía es un fenómeno normal y recurrente del clima, sin embargo, muchos consideran erróneamente que se trata de un fenómeno extraño. Ocurre en todas las regiones climáticas, pero sus características varían de unas regiones a otras.
La sequía tiene un carácter lento y progresivo, de forma que, cuando se manifiesta de manera evidente ya se está inmerso en ella.
Son factores a considerar para caracterizar la sequía:
- Tiempo necesario para que pueda hablarse de sequía
- Proporción necesaria de reducción de la precipitación
- Tipo de efecto considerado
- Grado de afección relativo a dicho efecto
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Casi en todos los países en desarrollo y en muchos países en transición hay enormes acumulaciones de desechos de plaguicidas tóxicos que constituyen un grave problema. Más de medio millón de toneladas de plaguicidas viejos y sin utilizar, prohibidos o vencidos, ponen en peligro el medio ambiente y la salud de millones de personas en esos países. Las cifras son espectacularmente superiores a anteriores estudios.
Si bien en África y el Medio Oriente hay más de 100 000 toneladas, en Asia hay casi 200 000 toneladas y una cantidad semejante en Europa del Este y en la antigua Unión Soviética.
Los vertederos de desechos contienen algunos de los insecticidas más peligrosos, entre ellos: aldrín, clordano, DDT, dieldrín, endrín y heptacloro, prohibidos en la mayor parte de los países, junto con los organofosfatos. Al descomponerse los plaguicidas sus derivados pueden resultar más tóxicos que la sustancia de origen. Además de los plaguicidas, los vertederos contienen pulverizadores, contenedores vacíos y vastas superficies muy contaminadas.

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A medida que el cambio climático se va apoderando de nosotros y que el transporte de mercancías es cada vez más abundante, van aumentando las plagas en las ciudades y esto supone unos efectos negativos para la salud y para el medio ambiente.
Son muchas las especies que viven en los ambientes más calidos y por ello, cuanto más calor hace, más habituales son. Especies como las termitas, pulgas, cucarachas o garrapatas, sin olvidarnos de algunas especies invasoras recién llegadas como el mosquito tigre o el mejillón cebra. Las plagas urbanas, además de ser muy molestas, pueden tener graves consecuencias en la salud pública y el medio ambiente.
La proliferación de diversas especies de insectos, roedores, hongos, bacterias o malas hierbas puede conllevar diversos problemas en las ciudades. Algunos de estos seres actúan como vectores que transmiten enfermedades, causan alergias, picaduras, etc. Asimismo, su impacto medioambiental también puede ser grave. Además de posibles daños materiales tanto en espacios naturales como en viviendas e instalaciones industriales, su acoso puede provocar la desaparición de la fauna y la flora autóctonas.

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El aceite de cocina usado puede convertirse en gasolina diesel si es convenientemente recogido y transformado. Esto evita el impacto ambiental de tirarlo por el desagüe y supone un combustible ecológico que hasta puede producirse de forma casera, aunque con limitaciones. Su utilización es doblemente ecológica, al evitar que contamine el medio ambiente cuando se aprovecha como biocombustible.
Diversos sistemas permiten incluso producirlo en casa, aunque para consumirlo con plenas garantías se aconseja su elaboración industrial. Por su parte, cada vez más municipios españoles ponen en marcha proyectos para potenciar este biodiesel, aunque su desarrollo todavía es incipiente. En este sentido, la colaboración de los consumidores es fundamental para su desarrollo. Leer el post entero
La sequía y la escasez de agua son uno de los problemas ambientales más acuciantes de España en la actualidad.
Por ello, los sistemas que aprovechan el agua de la lluvia comienzan a ser vistos con buenos ojos. Por ejemplo, en Galicia, la Consejería de Vivienda de la Xunta ha puesto en vigor una norma que obliga a los constructores a edificar las nuevas viviendas con unos sistemas que aprovechan el agua de lluvia. Por su parte, algunas zonas de Levante y de las islas Baleares llevan desde hace tiempo instalando este tipo de equipos.
Los embalses no son los únicos que pueden beneficiarse del agua caída del cielo. Por unos 2.000 euros de media por vivienda, los consumidores pueden instalar este tipo de tecnología beneficiándose sus usuarios de hasta un 50% de consumo de agua de la red de suministro, lo que redunda en un beneficio tanto ecológico como económico.
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