El problema del transporte en la lucha frente al cambio climático

La reciente cumbre de Doha pone una vez más de manifiesto los problemas que encuentran los países para ponerse de acuerdo a la hora de alcanzar objetivos de reducciones. Estas dificultades de acuerdo, son aún mayores, como hemos visto recientemente, cuando afectan a sectores difusos procedentes de un país y emisores en otro, como ha ocurrido con las reticencias norteamericanas y chinas al mercado de compra-venta y de asignaciones de derechos de emisión de gases de efecto invernadero para la aviación en la Unión Europea. Es por tanto el transporte, uno de los sectores con una mayor dificultad para la implementación de mecanismos que permitan reducir las emisiones GEI.

El sector del transporte es en los países desarrollados la segunda fuente emisora de CO2, o incluso la primera -como en España- a nivel europeo y mundial, supone el 40% del consumo energético y más del 30% de las emisiones de efecto invernadero. Sus niveles se han incrementando notablemente desde 1990, y los mecanismos derivados del Protoclo de Kioto no han tenido aplicación sobre este sector.

[ad#ad-1]Según las previsiones de organismos internacionales como la Agencia Internacional de la Energía (IEA) o la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) solo el sector del transporte puede poner en dificultades la consecución de los compromisos y objetivos que entidades supranacionales como la OCDE o la UE se plantean para 2050.

En este sentido, además de la eficiencia, el ahorro y el cambio modal a medios de transporte más sostenibles, la electrificación del transporte es uno de las herramientas que más pueden contribuir al control de sus emisiones, debido a que dejarían de ser emisiones de un sector difuso para pasar a ser -en el caso de existir- emisiones generadas en grandes instalaciones de producción eléctrica, ya incluidas en los mecanismos de mercado de carbono de Kioto.

Este control sería una pieza clave para minimizar e internalizar los impactos externos derivadas de las emisiones que realizan los modos de transporte consumidores de petróleo -como la carretera o la aviación– eliminando distorsiones competitivas frente a otros modos con un uso mayoritario de la electricidad como el ferrocarril o la tubería -para las mercancías-, siendo un catalizador para la implementación y desarrollo de energías renovables libres de emisiones de CO2.

La urgencia en implementar estos mecanismos es clave para poder frenar las emisiones GEI y evitar concentraciones mayores de Dióxido de Carbono en las capas altas de la atmósfera que incrementen aún más las temperaturas.

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