El sacrificio de los técnicos de la central nuclear de Fukushima

Los técnicos de la central nuclear de Fukushima trabajan incansablemente para conseguir devolver a la planta el suministro eléctrico y retornar a los umbrales de seguridad máximos posibles. Sin embargo, pese a que ya han conseguido conectar cables eléctricos externos a los reactores 1 y 2, lo cierto es que las emisiones radiactivas elevadas dificultan la labor de los trabajadores. Las tareas deben ser interrumpidas repetidamente por la necesidad de preservar a los operarios de una exposición excesiva a la radiación.

Pese a ese esfuerzo, no está claro todavía si será posible restablecer el suministro a los dos reactores más dañados para contribuir a enfriar las instalaciones. Algunos ingenieros creen que las bombas que suministran agua fría a los tanques de protección están irremediablemente dañadas por las explosiones de hidrógeno de los primeros cuatro días tras el tsunami. También deben haber quedado inutilizadas por la utilización de agua de mar, altamente corrosiva para las piscinas que protegen el reactor. Pese a ello, quizá el restablecimiento de electricidad pueda contribuir a devolver parte de los mecanismos de control del reactor.

[ad#ad-1]Nivel de alerta

Durante la jornada del viernes, las autoridades japonesas elevaron de cuatro a cinco dentro de una escala de siete el nivel de alerta en la central nuclear de Fukushima, según el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Desde el inicio de la crisis, la agencia de seguridad nuclear francesa había considerado la situación de la central de Fukushima como de alerta 6, pero la agencia de seguridad japonesa insistía hasta ahora en considerarla de nivel 4. El aumento de 4 a 5 en la escala de gravedad de accidente nuclear sitúa la crisis de esta central al mismo nivel que el accidente registrado en 1979 en la central de Three Mile Island, en Harrisburg (Estados Unidos).

El nivel de alerta 5 se refiere a los accidentes nucleares “con consecuencias de mayor alcance”, mientras el grado 4, el que Japón mantenía hasta ahora, define a los accidentes “con consecuencias de alcance local”. El nivel 7, el más alto en la escala de medición de los sucesos nucleares (accidentes graves), corresponde a la liberación al exterior de materiales radiactivos con amplios efectos en la salud y el medio ambiente, y requiere la aplicación prolongada de contramedidas. El accidente de la central de Chernóbil, en Ucrania, en 1986, es el único caso hasta el momento en el mundo de accidente grave de máximo nivel.

Menos radiactividad

La operación de vertido de agua sobre los reactores había conseguido en las últimas horas reducir ligeramente los niveles de radiactividad. Camiones cisterna de las fuerzas armadas, apoyados por una treintena de camiones de los bomberos de Tokio, continúan con las labores de refrigeración.

Todos estos esfuerzos contra reloj han dado como fruto que los niveles de radiación en alguno de los puntos de medición de la central han descendido considerablemente de forma paulatina.

Sellar la planta

Las dificultades que las autoridades japonesas están encontrando para refrigerar los reactores ha hecho que algunos expertos nipones plantearan la posibilidad de utilizar cemento para sellar la planta nuclear como último recurso para evitar una catástrofe nuclear. Este método ya se usó en la central de Chernóbil en 1986. Pese a todo, los expertos confían en que la reparación del suministro eléctrico permitirá poner en funcionamiento el sistema de refrigeración para enfriar los reactores.

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