Preocupante conclusión de la Cumbre de Poznan

Cada oportunidad perdida como la de este año abre una puerta más de incluir obstáculos y atajos de última hora en el esencial próximo acuerdo de Copenhague.

El proceso que condujo al Protocolo de Kioto nos enseñó que la falta de tiempo es la baza que juegan aquellos que pretenden mantener los privilegios derivados de la economía del carbono y, por lo tanto, rebajar el nivel de las reducciones a su conveniencia. Según se acerca el límite marcado (diciembre de 2009) sin acuerdos sólidos, se abren puertas para que entren en el proceso mecanismos de compensación que dilaten el cambio de economía necesario para afrontar el Cambio climático de la manera adecuada.

Los resultados de esta Cumbre son raquíticos. En Poznan no se consiguió siquiera acordar una declaración política para cerrar la Conferencia con un documento que presentar al mundo. Lo más cercano a un resultado fue la puesta en marcha del Fondo de Adaptación, cuyos ingresos dependen de los proyectos de los Mecanismos de Desarrollo Limpio.

[ad#ad-1]En un momento en el que dichos proyectos se encuentran en entredicho por haber creado nuevos problemas como los monocultivos en algunos puntos de Latinoamérica o el fomento de plantas de fabricación de ciertos gases agotadores de la capa de ozono, no parece la mejor solución. Por no hablar de los intentos de incluir dentro de estos mecanismos la Captura y Almacenamiento de Carbono que, promovido intensamente por Arabia Saudí, toma cada vez más cuerpo dentro de una futura negociación.

El calendario de trabajo para 2009 se presenta extenuante, con al menos cuatro reuniones. En el mes de junio se presentará el primer borrador del texto que deberá salir acordado en Copenhague en diciembre. Para entonces, desde antes de la reunión de marzo, la nueva administración de Estados Unidos habrá tenido la oportunidad de unirse al proceso del planteamiento a largo plazo. Sin embargo, si sus aportaciones de supuesto liderazgo son como las del Paquete de clima y energía de la UE presentado el último día de la Cumbre de Poznan, de nada servirá el esfuerzo.

Por otra parte, en Poznan se han hecho visibles más que nunca, aquellos y aquellas que, al igual que en el pasado, quedan excluidos de las decisiones que les afectan. Las comunidades indígenas denuncian por ejemplo que, para el nuevo mecanismo de Reducción de la Deforestación y la Degradación forestal (REDD), se vaya a compensar a quienes tradicionalmente han destruido estos espacios mientras que ellos y ellas, y sus derechos, quedan al margen. Asimismo, las peticiones por la inclusión en el proceso de la visión de la justicia de género relacionada con el Cambio climático ha sido rechazada en Poznan por la propia Secretaría de la Convención. El espíritu de multilateralidad e integración con que ha sido presentada tradicionalmente la Convención de Cambio Climático queda, con estos casos, en entredicho.

Además, y a pesar de lo que se pueda deducir de las informaciones de los medios de comunicación, la Cumbre de Poznan no ha hecho sino emitir señales altamente preocupantes sobre el futuro. Copenhage, y su acuerdo, son una gran meta, y en la ciudad polaca ha habido un frenazo en el camino hacia ella. Ahora bien, el momento en el que cualquier acuerdo era bueno pasó hace tiempo, el tiempo del Protocolo de Kioto. Es necesario un acuerdo que consiga mantener el aumento de temperatura por debajo de los 2ºC.

Las grandes declaraciones ya han sido dichas y escuchadas muchas veces. Los mayores responsables del Cambio climático, los países industrializados y sus sociedades, que crearon las condiciones causantes del problema y las exportan al resto del mundo, deben decidir que ya ha llegado el momento del cambio. Deben acordar el proceso por el cual la economía y los modos de vida se transformen: de adictas al carbono y sus injusticias, a sostenibles y justas. No puede ser pospuesto más veces.

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